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Tecnología y privacidad

Tecnología y privacidad

La tecnología RFID no es algo nuevo en nuestra vida cotidiana, de hecho hace años que convivimos de forma natural con sistemas que se basan en esta tecnología: tarjetas de personal para el control de accesos, los ViaT (Teletac) de los vehículos, las tarjetas de transporte público sin contacto, sistemas antirrobo de tiendas… Sin embargo, la posible mala interpretación de algunos informes publicados recientemente en varios ámbitos, como por ejemplo el del Instituto Nacional de Tecnologías de la Comunicación y la Agencia de Protección de Datos y otros similares, pueden provocar alarmas sobre la privacidad y la seguridad de las personas.

¿La RFID controlará todos nuestros movimientos? ¿Se sabrá a todas horas dónde estamos, qué comemos, qué compramos, nuestros gustos y aficiones? La respuesta es un rotundo no. El desconocimiento que aún existe en torno a esta tecnología ha dado lugar a una corriente de opinión que la enmarca en un panorama casi de ciencia ficción en el que, por culpa de las etiquetas inteligentes, no tendremos intimidad. Esta imagen dista mucho de la realidad.

En la mayoría de las aplicaciones RFID los datos almacenados en los tags son códigos que no tienen valor si no se tiene acceso a la base de datos que soporta la aplicación completa. En el caso hipotético de que alguien pudiera leer un tag RFID incorporado en una etiqueta fuera de su ámbito, lo único que recibiría es un código del tipo «24203D2916E8F9719BAE03C». ¿Qué se puede hacer con esto? Nada si no se tiene acceso al software que hay detrás.

Además, la seguridad de las etiquetas RFID se controla a varios niveles, que se implementan en función del uso que se le vaya a dar. Incluso hay etiquetas RFID que superan los niveles de seguridad de los chips que incorporan las tarjetas bancarias, hoy por hoy totalmente aceptados. Como medida adicional de seguridad, algunas empresas que utilizan esta tecnología en productos para el usuario final hacen uso de comandos que permiten matar el chip RFID en el momento en que pierde su utilidad, por ejemplo, una vez que se ha realizado la compra en el punto de venta, con lo que quedaría inutilizado inmediatamente.

La RFID tiene sus ventajas e inconvenientes, y sus resultados dependen mucho del uso que se haga de la tecnología. Lo que es evidente es que falta mucha información al respecto y que esta desinformación está eclipsando un hecho indudable: que el uso de la RFID está revolucionando la forma en que interactuamos con los objetos, lo que nos encauza hacia niveles de automatización y eficiencia en el mundo de la empresa impensables hace unos años.

Fuente: Dani Rodríguez. Director general y fundador de Saident

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