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Gracia Buiza Camacho, Coordinadora técnica en Instituto Andaluz de Tecnología

Gracia Buiza Camacho, Coordinadora técnica en Instituto Andaluz de Tecnología

La expansión del RFID en operaciones logísticas crece de forma continua de manera que actualmente, y a pesar del aún todavía alto coste de su implementación, es una de las principales tecnologías utilizadas para acelerar la cadena de suministros y reducir la aparición de errores

¿QUÉ ES?

Las siglas RFID significan Radio Frequency Identification (Identificación por Radiofrecuencia) y aluden a un sistema de almacenamiento y recuperación de datos remoto que emplea dispositivos denominados etiquetas RFID, tag o transponder.

Las etiquetas RFID contienen un microchip y una antena. El microchip almacena un número de identificación -una especie de matrícula única de dicho producto que lo diferenciará no sólo de otros tipos de productos, sino de otros productos iguales-.

Los parámetros que caracterizan las etiquetas RFID y comprenden las bases para diseñar sus especificaciones son: el modo de alimentación, la capacidad y tipo de datos almacenados, la velocidad de lectura de datos, las opciones de programación, la forma física y los costes.

Dependiendo del modo de alimentación las etiquetas RFID pueden ser activas (disponen de una batería interna) o pasivas (no requieren ninguna fuente de alimentación interna).

¿CÓMO FUNCIONA?

En el esquema general de funcionamiento de un sistema RFID (ver figura adjunta), el lector envía una serie de ondas de radiofrecuencia a la etiqueta o tag, que son captadas por la microantena de ésta. Dichas ondas activan el microchip, que a través de la microantena y mediante ondas de radiofrecuencia, transmite al lector la información que tengan en su memoria. Finalmente, el lector recibe la información que tiene el tag y lo envía a una base de datos en la que previamente se han registrado las características del producto o puede procesarlo según convenga a cada aplicación.

La evolución de la tecnología RFID ha hecho resaltar las debilidades y límites de otras tecnologías de identificación existentes hasta ahora (como el código de barras o las memorias de contacto), convirtiéndose en la tecnología de autoidentificación del futuro.

Entre sus ventajas destaca:

– Permite la lectura sin necesidad de línea de visibilidad directa, y a gran distancia y velocidad.
– Hace posible la trazabilidad de datos en tiempo real y de forma serializada, es decir, cada producto tiene un número de serie distinto permitiendo la identificación no sólo de un tipo de producto, sino de un producto en concreto.
– Tiene capacidad para realizar un seguimiento en tiempo real del inventario.
– Contribuye a evitar fallos en el posicionamiento de los productos, falta de existencias en las estanterías, el fraude y los errores administrativos.
– Ayuda en las devoluciones y control de los productos defectuosos, ya que permite seguir el rastro de las partidas defectuosas.
– Permite reducir el inventario, uno de los grandes objetivos en el mundo industrial pero difícil de ejecutar sin poner en peligro las ventas potenciales.

¿PRINCIPALES PROBLEMAS EN LA INTRODUCCIÓN DEL RFID?

Al incorporar el RFID en la operativa empresarial hay que tener en cuenta algunas cuestiones importantes que determinarán el éxito de su implementación como son:
– La integración tecnológica con otras aplicaciones utilizadas en la organización e interoperatibilidad.
– La precisión, fiabilidad y seguridad requeridas (los fallos en las lecturas y la dificultad para garantizar la privacidad de la información). Hay que valorar los problemas existentes de apantallamiento en la lectura de los tags o etiquetas cuando se encuentran en contacto con productos líquidos o entornos metálicos.
– Los costos asociados a la tecnología (incluyendo software y la actualización de equipos).
– La voluntad de la organización (que percibe el RFID como una tecnología beneficiosa para su gestión y para su competitividad) ya que en numerosas ocasiones la introducción del RFID se impone impulsada desde minoristas sobre fabricantes.
– El estándar a utilizar.
– El aprovechamiento de la gran cantidad que se generarán para poderlos utilizar en tiempo real en la toma de decisiones.

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