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Los investigadores de MIT utilizan tecnología RFID para diagnosticar vacunas dañadas por congelación.

Los investigadores de MIT utilizan tecnología RFID para diagnosticar vacunas dañadas por congelación.

La idea es integrar un tag RFID pasivo en un recipiente que contenga líquido para que se congele, el recipiente se expanda y dañe la antena lo suficiente como para que el tag ya no sea legible.

Un grupo de investigadores en el laboratorio del instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) desarrollan un simple sensor basado en tecnología RFID que podría brindar un método efectivo para detectar la exposición de las vacunas a temperaturas muy bajas. La congelación accidental de vacunas mientras son transportadas es un gran problema; la mayoría de los envíos son expuestos a temperaturas demasiado bajas en algún momento, de acuerdo a un estudio realizado por científicos en la Universidad de Kansas y otros estudios desarrollados por investigadores de PATH, una organización sin fines de lucro, cuyo foco son las innovaciones en materia de salud.  Tal exposición puede resultar en la pérdida de vacunas sensibles a congelación, descubrieron los científicos, aunque esa cuestión todavía no fue abordada adecuadamente.

El equipo de MIT, formado por el profesor Sanjay Sarma, los asociados postdoctorales Rahul Bhattacharyya e Isaac Ehrenberg y los estudiantes de postgrado Dylan Erb y Partha Bhattacharjee han trabajado para encontrar una solución a este problema. En un poster presentado en la Conferencia Internacional IEEE en materia de tecnología RFID del 2015, los investigadores describieron que su sensor, como un método simple y económico de detectar la congelación, tiene el potencial para abordar la necesidad significativa “dentro de todos los segmentos de la cadena de suministro mundial”.

La idea, de acuerdo a los investigadores, es integrar un tag RFID de frecuencia ultra alta (UHF) en un recipiente de vidrio (similar a los recipientes utilizados para almacenar las vacunas) con agua destilada; así, si el líquido se congela, el recipiente se deforma y con el tiempo se rompe. Si se colocara un tag en este recipiente, la deformación podría cambiar la forma de la antena y, con el tiempo, dañarla lo suficiente  para que el tag sea ilegible. Uno o más de los tags con sensor serían  colocados en el embarque de vacunas. De esta forma, el estado de las vacunas podría monitorearse fácilmente durante todas las etapas de la cadena de suministro. Si algún tag fuera ilegible o si la inspección visual revelara la existencia de sensores rotos, los trabajadores de la salud podrían entonces asumir que esas vacunas también se congelaron y podrían estar dañadas o inutilizables.

El equipo desarrolló una serie de pruebas al colocar sensores en un congelador doméstico con una antena con un lector RFID Impi Speedway Revolution R420. En una prueba, mantuvieron la puerta del freezer cerrada para que la temperatura permaneciera constante. En la otra, cerraron y abrieron la puerta varias veces, imitando las condiciones en el área. En el segundo caso, los recipientes tardaron más en romperse y el resultado fue más variado, pero en los dos escenarios el lector pudo distinguir de manera consistente a los sensores congelados de los sanos.

El equipo también considera el uso de frascos fabricados con materiales avanzados que puedan mejorar la precisión y confiabilidad de los sensores.- por ejemplo, al deformarse más rápido antes de llegar al punto de congelación del líquido. Otra meta importante en este proyecto, dice Bhattacharjee, es aumentar el rango en el que los sensores son legibles, desde los 30 cm presentes o quizás 1,5 metros. De esta forma, sería más fácil monitorear el estado de vacunas durante todas las etapas de distribución.

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